Reconstruir con otra mirada

El pasado terremoto de Haití y las recientes inundaciones de Madeira me han llevado a investigar y a reflexionar sobre el modo de operar de los arquitectos, instituciones y responsables en general, en la reconstrucción de las zonas devastadas por grandes catástrofes naturales. Pretendo a través de una serie de ejemplos constatar como aún es necesario seguir concienciando y formando tanto a alumnos como a profesionales de la arquitectura, en la necesidad de que ésta responda al momento de crisis climática en el que nos encontramos. Es de suma importancia que tanto el carácter de responsabilidad ambiental, como el de responsabilidad económica estén presentes en cada obra que se ejecute. Es necesario que entre los que estamos convencidos de que hay que cambiar el modo de construir y de pensar, sigamos diciendo que hay muchísimo aún que hacer para cambiar mentalidades y formas de obrar. Por desgracia la naturaleza nos da la oportunidad de comenzar de cero con demasiada frecuencia ( desde que comencé a escribir y a investigar sobre este tema se ha producido un gran seísmo en Chile que ha vuelto a asolar grandes superficies urbanas) y es entonces, incluso cuando se trata de una emergencia y una reconstrucción en tiempo record que debemos buscar una arquitectura pensada desde nuevos enfoques, sostenible y arraigada en la población y en el lugar en el que se ubica, debemos reconstruir con otros parámetros, crear nuevas ciudades desde una conciencia ambiental profunda y global, aprovechando estas oportunidades para empezar a deshacer el continuismo de la arquitectura mediocre y hecha de espaldas al medioambiente.

Como primer referente en una gran reconstrucción, he querido traer a la memoria el pasado Tsunami en Indonesia. Hace relativamente poco, El 26 de diciembre de 2004, un terremoto frente a las costas de Sumatra dejaba 230.000 víctimas y una región asolada por el gran Tsunami.

La catástrofe alcanzó a poblaciones completas y algunas se han dado por perdidas, se ha reagrupado a la población en otras islas y se han creado comunidades o pueblos de la nada. En concreto, la isla de Dhuvaafaru, que es donde quiero centrar mi atención, con 4000 colonos procedentes de otros lugares, ha sido una reconversión integral con un coste aproximado de 35 millones de dólares. Se han construido 620 viviendas nuevas, un gran colegio, una mezquita y dependencias administrativas, entre otras edificaciones. La población en general está realmente contenta con la nueva isla y con el reagrupamiento de varias comunidades en un solo lugar. Algunas mujeres de la isla se quejan de la tipología de estas nuevas viviendas que les impide cocinar en la calle como siempre han hecho, pero siguen convencidas de que el Tsunami al final ha mejorado sus vidas. La precariedad de sus vidas anteriores les hace ver esta nueva isla como el paraíso pero nuestros ojos europeos ven o al menos deben ver una realidad muy distinta en el proyecto de edificación en este nueva isla.

En esta isla, encontramos el ejemplo claro de la falta de conciencia sobre el estado general del clima y la influencia que esto tiene sobre la subida del nivel de los océanos y sobre las construcciones cercanas a la costa, sin entrar aquí en si es o no un cambio climático producido por el hombre o por un ciclo más del planeta, la realidad es que existe el problema y parece ser que en estas reconstrucciones no se ha tenido en cuenta. Los responsables del proyecto tenían la posibilidad de crear una población desde cero y han optado por un modelo de ciudad en extensión que casi o sin el casi, roza los límites de la isla, en la que han arrasado miles de árboles para disponer las viviendas (de tipología importada) y dispuestas en hileras, en la que apenas se distinguen espacios públicos y en las que las medidas pasivas, orientaciones solares ,o sistemas de prefabricación, parece ser que tampoco se han tenido en cuenta. Nadie de los que han intervenido en este proyecto parece haberse planteado la subida del nivel de los océanos, y la erosión que paulatinamente modifica sus costas así como la creación de una nueva ciudad desde otros parámetros. Los responsables de esta reconstrucción no se plantean, no ya un nuevo modelo de ciudad sostenible sino que ni tan siquiera se han planteado la elección del lugar, tildando toda la isla como segura, que puede que lo sea, pero no la construcción de viviendas a 30 metros del mar. La mala ubicación puede causar la pérdida de estas viviendas en pocos años y que la inversión sea una pérdida de dinero y esfuerzo. ¿Acaso no se pudo plantear una ocupación del territorio más racional?¿Una construcción menos artesanal de estas nuevas viviendas?

Desde luego las asociaciones como Cruz Roja o Media Luna Roja no son las últimas responsables de estas acciones que sin duda han ayudado a miles de personas y mejorado sus vidas, sino que los arquitectos y demás actores de la planificación de estas nuevas áreas han de tener mucho más presente que hay que cambiar el modo de obrar y el enfoque de cada nueva vivienda que se construya, por precario que sea el presupuesto o el material con el que se cuente. En el siglo I antes de Cristo, Vitrubio nos decía:”Una de las principales cosas que debe considerar el arquitecto es la comodidad del sitio donde ha de edificar” pues veintidós siglos de casas después, parece ser que hemos aprendido poco.

 “Oportunidades perdidas para empezar de nuevo” 

El pasado terremoto de Haití y las recientes inundaciones de Madeira me han llevado a investigar y a reflexionar sobre el modo de operar de los arquitectos, instituciones y responsables en general, en la reconstrucción de las zonas devastadas por grandes catástrofes naturales. Pretendo a través de una serie de ejemplos constatar como aún es necesario seguir concienciando y formando tanto a alumnos como a profesionales de la arquitectura, en la necesidad de que ésta responda al momento de crisis climática en el que nos encontramos. Es de suma importancia que tanto el carácter de responsabilidad ambiental, como el de responsabilidad económica estén presentes en cada obra que se ejecute.

 

 

 

 

1 Respuesta a “Reconstruir con otra mirada”

  1. stepienybarno dice:

    Interesante entrada, en la que como bien Loliví, parece que el hombre es el único animal que siempre tropieza en la misma piedra.

    Ya no es, que no se tengan en cuenta criterios como comunidad, pertenencia o identidad a la hora de realizar estos nuevos planteamientos, sino que en muchos casos, como bien se describe en el artículo, estos criterios se escapan de las lógicas más elementales. Sin embargo, parece que hablar de propuestas bioclimáticas o que tengan en cuenta la bioconstrucción debería ser imprescindible para estas emergencias.

    Cierto es que son situaciones extremas y limites, cuya intervención es complicada, pero sería buen momento de entonar una vez más el mea culpa de una profesión bien poco solidaria, y que casi siempre va a lo suyo.

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